El Dr. Antonio Pérez Martínez, jefe de Hemato-Oncología Pediátrica en el Hospital La Paz y director de la Unidad CRIS de Terapias Avanzadas, ha sido galardonado con el Premio TELVA de las Ciencias 2025. Su trabajo pionero incluye el desarrollo de la innovadora terapia CAR-T Tándem, que ha salvado vidas de niños con leucemia. Sin embargo, más allá de los éxitos, el Dr. Pérez Martínez enfatiza la urgencia de una reestructuración profunda del modelo sanitario español, proponiendo la creación de centros especializados para el cáncer infantil. Su visión es clara: solo con una apuesta firme por la investigación y la centralidad del paciente se podrá alcanzar la meta de erradicar el cáncer infantil en la próxima década.
El Visionario Dr. Antonio Pérez Martínez: Un Compromiso de Vida con la Infancia Afectada por el Cáncer
El 24 de enero de 2026, el Dr. Antonio Pérez Martínez, jefe del Servicio de Hemato-Oncología Pediátrica en el Hospital Universitario La Paz de Madrid y director de la Unidad CRIS de Terapias Avanzadas en Cáncer Infantil, fue honrado con el prestigioso Premio TELVA de las Ciencias 2025. Este reconocimiento llega en un momento de gran relevancia, ya que su equipo ha logrado un avance significativo con la terapia celular CAR-T Tándem. Esta técnica innovadora ha demostrado ser una esperanza para siete niños y adolescentes que padecían leucemia linfoblástica aguda tipo B, la forma más común de cáncer infantil, después de que los tratamientos convencionales y las terapias CAR-T estándar no dieran resultados. La singularidad de este logro reside en que la terapia fue desarrollada en el propio laboratorio del Hospital La Paz, en la Unidad CRIS contra el Cáncer, con un costo significativamente menor.
La pasión del Dr. Pérez Martínez por la oncología pediátrica tiene sus raíces en una conmovedora experiencia personal. Inspirado en su juventud por el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, su camino tomó un giro decisivo cuando la enfermedad de su padre lo impulsó a estudiar medicina. Sin embargo, fue el encuentro con una niña huérfana llamada Paty, paciente oncológica en su Granada natal, durante su quinto año de carrera, lo que selló su destino. La profunda conexión con Paty, quien lamentablemente falleció, lo llevó a la firme decisión de especializarse en oncología infantil. A pesar de la ausencia de esta especialidad formal en España, el Dr. Pérez Martínez continuó su formación en el St. Jude Hospital de Memphis, Estados Unidos, entre 2005 y 2007, donde realizó un postdoctorado en hemato-oncología pediátrica y trasplante hematopediátrico.
Actualmente, España diagnostica entre 1.000 y 1.500 nuevos casos de cáncer infantil y adolescente cada año, siendo la principal causa de muerte por enfermedad en esta población, con aproximadamente 250 fallecimientos anuales. El Dr. Pérez Martínez insiste en que el modelo actual de dispersión de la atención sanitaria en más de 40 centros en el territorio nacional es ineficaz para estas enfermedades ultrararas. Propone un modelo de concentración en 4 o 5 centros integrales de cáncer pediátrico y adolescente, distribuidos estratégicamente, para centralizar el conocimiento, optimizar la asistencia, impulsar la investigación y formar a las futuras generaciones de especialistas. Él argumenta que esta concentración es vital para mejorar la supervivencia y la equidad en el acceso a diagnósticos avanzados y tratamientos innovadores. Pone como ejemplo a Holanda, que ha consolidado sus centros de cáncer infantil en uno solo, el hospital Princess Máxima en Utrech, logrando así los mejores resultados de curación a nivel mundial. La valentía política es esencial para impulsar esta transformación, ya que la cirugía de tumores cerebrales infantiles o el tratamiento de leucemias son significativamente más efectivos cuando son realizados por equipos con alta experiencia y volumen de casos.
A pesar de que la tasa de curación general se sitúa en un 80%, el Dr. Pérez Martínez subraya la heterogeneidad de la enfermedad, con tumores como el retinoblastoma con altas tasas de curación, y otros, como el tumor difuso de tronco (DIPG) o los neuroblastomas de alto riesgo, que siguen siendo un desafío formidable y no han mostrado avances significativos en 30 años. La investigación, la inmunología y la genética son, para él, las claves que están revolucionando la comprensión y el tratamiento del cáncer infantil, permitiendo diagnósticos más precisos y terapias personalizadas con menores efectos secundarios. Su esperanza es que, en una década, la investigación permita erradicar todos los tipos de cáncer infantil.
La Fundación CRIS contra el Cáncer ha sido fundamental en la creación de centros de Terapias Avanzadas, como el de La Paz, a través de un modelo de colaboración público-privada. Esta financiación ha hecho posible el desarrollo del CAR-T Tándem, un logro que el Dr. Pérez Martínez destaca por su capacidad de reconocer simultáneamente dos moléculas (CD19 y CD22) en las células leucémicas, dificultando las recaídas. Además de su labor clínica e investigadora, el Dr. Pérez Martínez es profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, donde inspira a los futuros médicos con la visión romántica del investigador y el deseo de transformar el mundo. Mirando hacia el futuro, el doctor anticipa que la prevención podría jugar un papel crucial, a través del estudio del exposoma y la influencia del medio ambiente, así como la identificación de alteraciones genéticas hereditarias que predisponen al cáncer infantil.
La visión y dedicación del Dr. Antonio Pérez Martínez no solo marcan un hito en la lucha contra el cáncer infantil, sino que también nos instan a reflexionar sobre la importancia de la investigación continua, la colaboración entre el sector público y privado, y la audacia política para reformar los sistemas de salud en beneficio de los pacientes más vulnerables. Su historia personal y profesional es un testimonio elocuente de cómo la empatía, la perseverancia y una visión clara pueden transformar la vida de innumerables familias y ofrecer una luz de esperanza en los momentos más oscuros. La concentración de recursos y la formación de especialistas no son meros objetivos administrativos, sino imperativos éticos que pueden definir el futuro de la medicina pediátrica.