Bacterias beneficiosas combaten la enfermedad radicular del trigo

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Científicos de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) y la Universidad de São Paulo (USP) han identificado tres cepas bacterianas específicas, originarias de la rizosfera de variedades ancestrales de trigo, que demuestran una notable capacidad para mitigar la pudrición radicular causada por el hongo Bipolaris sorokiniana. En pruebas controladas, estos tratamientos biológicos lograron disminuir la severidad de la enfermedad en aproximadamente un 60%, a la vez que estimularon el crecimiento de las raíces de las plantas. El estudio, publicado en npj Biofilms and Microbiomes, resalta cómo Streptomyces virginiae CMAA1738, Paenibacillus ottowii CMAA1739 y Pseudomonas inefficax CMAA1741 no solo actúan como agentes antagonistas contra el patógeno, sino que también reconfiguran el microbioma bacteriano circundante, potenciando así las funciones de promoción del crecimiento y defensa de la planta.

Las bacterias seleccionadas provienen de variedades criollas de trigo de Irán y Turquía, regiones que son consideradas cunas de origen y diversificación del cereal. La elección de estas cepas se basó en su capacidad para inhibir el crecimiento del hongo, así como en su producción de ácido indolacético, un promotor del crecimiento vegetal, y su habilidad para solubilizar fósforo. Tras la evaluación inicial de 30 aislamientos, las tres cepas finales mostraron una actividad antagónica efectiva contra B. sorokiniana, destacando P. inefficax por su rendimiento superior en diversos parámetros. La aplicación de estos microorganismos se realizó mediante la inmersión de semillas de trigo de la variedad BRS Guamirim, susceptible al patógeno, en suspensiones bacterianas antes de la siembra, y una dosis adicional se aplicó en la base de los tallos quince días después. Este enfoque subraya la importancia de conservar la diversidad biológica ligada a los cultivos, ya que los microorganismos asociados a variedades tradicionales ofrecen soluciones innovadoras para la sanidad vegetal.

Los análisis de ADN revelaron que la inoculación alteró la composición y el potencial funcional del microbioma de la rizosfera, sugiriendo que las bacterias no solo atacan directamente al hongo, sino que también guían a la comunidad microbiana hacia un estado más resistente a la enfermedad. La falta de correlación directa entre la cantidad de patógeno en el suelo y la gravedad de los síntomas indica que la interacción compleja del microbioma es crucial para la defensa de la planta. Este hallazgo respalda la idea del microbioma del suelo como una barrera natural protectora para los cultivos, donde las comunidades microbianas colaboran para competir por recursos, ocupar nichos ecológicos y producir sustancias que limitan la actividad de organismos perjudiciales. Los resultados de este estudio no solo profundizan nuestra comprensión de la intrincada red de microorganismos que sustentan los cultivos, sino que también abren la puerta al desarrollo de nuevos inoculantes agrícolas, capaces de mejorar la resiliencia de las plantas frente a las enfermedades y las condiciones ambientales adversas.

Esta investigación pionera nos muestra el inmenso potencial de la naturaleza para ofrecer soluciones sostenibles a los desafíos agrícolas modernos. Al profundizar en el entendimiento de las interacciones entre plantas y microorganismos, abrimos nuevas vías para el desarrollo de prácticas agrícolas más ecológicas y eficientes, que no solo protegen nuestros cultivos, sino que también promueven la salud del suelo y la biodiversidad. Es un recordatorio de que la innovación puede surgir de la sabiduría de la naturaleza, impulsándonos a buscar un equilibrio armonioso entre la producción de alimentos y la conservación de nuestro entorno.

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