Diez aspectos clave sobre el Síndrome de Ménière y cómo mitigar sus vértigos

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El síndrome de Ménière es una afección crónica del oído interno que desencadena episodios intensos e inesperados de mareos, afectando gravemente la capacidad de equilibrio y la audición. Esta condición, a menudo invisible, tiene un impacto considerable en la vida personal, social y laboral de quienes la padecen, especialmente en personas en edad activa. A pesar de los desafíos que presenta, el conocimiento sobre sus síntomas, posibles causas y estrategias de manejo es fundamental para mejorar la calidad de vida de los afectados. La concienciación y el reconocimiento médico e institucional son pilares para un mejor abordaje y apoyo a esta comunidad.

El día 7 de febrero, la Asociación Síndrome de Ménière España (ASMES) promueve el Día de la Concienciación del Síndrome de Ménière, buscando visibilizar esta enfermedad y fomentar una mayor comprensión en la sociedad. Se estima que en España, aproximadamente 75 de cada 100.000 habitantes sufren este trastorno. Aunque las causas exactas aún no se han determinado con precisión, se sabe que está relacionado con un desequilibrio de los fluidos en el laberinto membranoso del oído interno. Generalmente, esta enfermedad se manifiesta entre los 40 y los 60 años, afectando en mayor medida a mujeres que a hombres, y puede presentarse en uno o ambos oídos, siendo el impacto más severo en casos bilaterales.

Los síntomas clave, según ASMES, incluyen mareos recurrentes con sensación de rotación o pérdida de estabilidad, que pueden durar desde minutos hasta horas y, en ocasiones, provocar caídas abruptas. Además, se experimentan acúfenos, caracterizados por zumbidos persistentes que varían en intensidad y resultan muy debilitantes. La pérdida auditiva, inicialmente fluctuante, puede volverse permanente con el tiempo, y es común una sensación de presión o plenitud en el oído, especialmente durante las crisis. A menudo, la fatiga, la ansiedad y el aislamiento social acompañan a estos síntomas debido a la imprevisibilidad de los ataques. Para mitigar los mareos, Cinfasalud recomienda acostarse de inmediato en un ambiente tranquilo y evitar movimientos bruscos de la cabeza. Es crucial la precaución al caminar para prevenir caídas y, una vez que los síntomas disminuyan, retomar las actividades gradualmente.

Existen dos tipos principales de mareos asociados al síndrome de Ménière: periférico, el más común, originado por alteraciones en el oído interno o el nervio vestibular; y central, causado por problemas cerebrales, con síntomas de menor intensidad y no vinculados a movimientos de cabeza o cambios de postura. Actualmente, no hay una forma conocida de prevenir el síndrome de Ménière, dado que su origen no está completamente comprendido. Sin embargo, un diagnóstico temprano y un seguimiento médico especializado, junto con medidas como la reducción del estrés, el control dietético y tratamientos personalizados, pueden contribuir a disminuir la frecuencia e intensidad de las crisis, mejorando así la calidad de vida del paciente. El diagnóstico incluye una exploración otorrinolaringológica completa.

El tratamiento comienza con una dieta baja en sal y medidas para eliminar líquidos, ya que su acumulación en el oído interno puede provocar mareos. Si esto no es suficiente, se recurre a la medicación, con una tasa de mejora de aproximadamente el 70% de los pacientes. En casos más resistentes, se utiliza gentamicina intratimpánica, un antibiótico inyectado en el tímpano que actúa sobre las células del equilibrio, controlando los mareos en un 90% de los casos. Para el resto de los pacientes, se considera la cirugía, ya sea una neurectomía vestibular o una laberintectomía, dependiendo de la funcionalidad auditiva. La campaña “Vivir con Ménière es vivir luchando” de ASMES subraya la realidad de quienes afrontan síntomas invisibles pero limitantes, abogando por la visibilidad y la esperanza para todos los afectados.

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