En ocasiones, como padres, podemos sentirnos abrumados por la constante búsqueda de cercanía de nuestros hijos, llegando a cuestionar si esta conducta es un signo de excesiva dependencia. Sin embargo, este anhelo de estar junto a nosotros no es un problema, sino una manifestación natural y saludable de apego. Los niños, especialmente los más pequeños, necesitan una figura de referencia que les proporcione estabilidad emocional. Según la teoría del apego, buscan activamente a sus cuidadores principales cuando necesitan protección, regulación de sus emociones o simplemente un refuerzo de energía, lo que demuestra que no es una incapacidad para estar solos, sino una búsqueda de un entorno seguro para su desarrollo interno.
Esta necesidad de conexión se traduce en una 'dependencia saludable', fundamental para el desarrollo humano. La meta no es criar individuos que no necesiten a nadie, sino personas que sepan apoyarse en otros de forma segura. El apego seguro permite a los niños explorar el mundo con la confianza de que siempre pueden regresar a una base incondicional de apoyo. Esta paradoja es crucial: cuanto más acompañados se sienten, mayor autonomía desarrollan a largo plazo, ya que un niño que sabe que tiene un refugio seguro se atreve más a explorar su entorno. La autonomía no se impone, sino que se cultiva a partir de esta seguridad externa, que gradualmente se convierte en seguridad interna.
Para acompañar esta fase desde una perspectiva de crianza consciente, es vital validar las emociones del niño sin etiquetarlo, por ejemplo, diciendo: “veo que hoy necesitas estar cerca”. Es importante anticipar las separaciones y despedirse siempre, explicando lo que va a suceder, ya que irse sin avisar puede dañar la confianza. Ofrecer una presencia de calidad, a través de miradas, juego y contacto físico, es más importante que la cantidad de tiempo. Además, es fundamental confiar en el proceso, pues la independencia llega cuando el niño está listo. Esta intensa conexión no es una debilidad, sino un vínculo que sienta las bases para su desarrollo y fortalece su capacidad de apoyarse en sus figuras de apego para, finalmente, caminar por sí mismo.
Por lo tanto, si en este momento su hijo solo busca su cercanía, no hay motivo de preocupación. No está fomentando la dependencia, sino construyendo un cimiento sólido para su seguridad emocional, lo que le permitirá florecer con confianza en el futuro.